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Hermanos de familia

Una familia en armonía

Cuando aparecen las peleas entre hermanos surge cierta desilusión y gran cantidad de interrogantes. ¿Cómo puede suceder que los seres que más amamos se peleen entre sí descarnadamente? ¿Si defendemos a uno estamos dejando de lado al otro? ¿Seremos injustos si tomamos partido por uno de nuestros hijos?

En esa situación se tienen que reconocer los sentimientos contradictorios que invaden a los padres para actuar adecuadamente.

Las peleas entre hermanos de familia

Sólo quienes no tienen hijos o tienen uno solo no pueden entender las peleas entre hermanos. Incluso cuando ven familias con varios hijos preguntan ¿por qué se pelean? La respuesta es: porque son hermanos, algo tan simple y tan difícil de manejar.

Algunos hacen memoria y recuerdan las peleas con sus propios hermanos, pero el tiempo va borrando lentamente esa intensa carga afectiva, lo cual dificulta el entendimiento de la situación actual. Parejas con varios hijos no pueden entender las peleas entre ellos, ya que es agotador y desgastante, pero ¿tan rápido se olvidan las vivencias del pasado? Si bien los tiempos cambian, hay algo que no cambia: adorar y odiar simultáneamente a los hermanos. De un momento para el otro pasan de la paz a la guerra, de estar jugando divinamente a trenzarse simplemente para ver quién se adueña de la papa frita más¡ larga, por el lugar: donde sentarse, o porque "me , miró mal".

La rapidez de cambios de humor y la intensidad de los afectos puestos en juego desconsuela y frustra el rol de padres, quienes se sientes descolocados en su accionar. Ello hace que se cuestionen qué hicieron mal. Si se hace un poco de memoria, se recordará que al bebé lo invaden sentimientos opuestos y contradictorios: pasa de la paz del sueño y de la alegría cuando se calma su deseo de comida, al llanto estridente por un ruido que lo sobresalta, un dolor de panza o por hambre.

¿Por qué se pelean los hermanos de familia?

  1. Primero que nada porque conviven, sabido es que la convivencia además de unirnos al otro por compartir la cotidianidad, también trae desavenencias.
  2. Pero básicamente está en juego la rivalidad, ya que se entra en una competencia feroz en la disputa por el amor de los padres. Es impactante ver a los niños cuando le 'llevan' lindas notas a los padres, la sonrisa radiante que se dibuja en sus rostros. Decimos 'llevan' porque además de la satisfacción propia por los logros obtenidos hay una cuota importante del deseo de destacarse frente a los padres y de asegurarse su amor, admiración y el protagonismo. Que los hijos pregunten a sus padres quién se portó mejor es clásico, en ello no sólo están en juego los logros personales, sino también la comparación con el otro: “mi hermano”.
  3. Las peleas también pueden tener el fin de encontrar un lugar en la familia, ya que en cualquier grupo humano (la familia no es la excepción) cada integrante ocupa un lugar. Pero cuando no logran identificarse con algún modelo positivo (ya que todos tienen dueño) pueden identificarse con un modelo negativo, y entonces por ejemplo recurrir a la pelea, a ser el rebelde, el que trae malas notas, pero por lo menos es “alguien”. Al respecto es ilustrativa una situación que viví en el consultorio. Hace unos años unos padres consultaron por su hijo de nueve años supuestamente débil mental; el chico funcionaba como tal en muchos aspectos, incluso traían el informe de un profesional que corroboraba este diagnóstico. Cuando le apliqué los tests correspondientes su cociente intelectual era término medio. Esto me asombró y por temor a haberme equivocado -aunque eran técnicas que manejaba sin dificultad- le pedí a una colega que hiciera nuevamente la evaluación, la cual confirmó lo que yo había visto.
  4. Las peleas pueden aparecer como forma de comunicación, probablemente es el modelo que tienen en sus casas. En una ocasión unos padres que consultaban por las peleas entre sus hijos decían: "no entendemos, estaba todo bien y de repente comenzaron a pelear". Ante la pregunta sobre qué había sucedido en el pasado inmediato sonríen y cuentan que habían estado discutiendo entre ellos y agregan: "pero en ese momento estábamos tranquilos". El niño no es una radio que se prende y apaga, el clima familiar tenso hace que ellos copien el modelo. Los padres se asombran porque les cuesta reconocer que lo que hacen sus hijos es una repetición de lo que diariamente hacen ellos.
  5. Muchas veces en hogares donde hay un clima que a simple vista parece ideal, también aparecen situaciones de violencia importante entre los niños. Por ejemplo, unos padres se asombraban por las peleas entre sus hijos, ya que ellos jamás discutían. Trabajando en forma alternada con la familia, la mamá confiesa que sabe desde hace tiempo que su esposo la engaña pero por no romper la familia no se lo dijo a nadie. En este caso lo 'no dicho' se actúa y se encarna en los niños, por lo que las peleas de éstos ocupan el lugar del discurso de la madre, de lo que ella debería hablar y no puede.