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Procesos de maduración infantil

Las etapas de desarrollo del niño

Se hace necesario comprender el proceso de maduración infantil desde las primeras etapas del desarrollo. Cuando el bebé depende por completo de la madre (etapa llamada “dependencia absoluta”) necesita una madre "suficientemente buena" (como la llama el autor) que cumpla con la tarea de sostenerlo, manipularlo y presentarle objetos a medida que el pequeño lo va solicitando. Por ejemplo, mientras mece a su bebé, juega con su mano, le da el pecho o la mamadera, le muestra un juguete.

Bebé y madre fusionados

En los comienzos el bebé y la madre están como fusionados, es como que el bebé no diferencia si su madre está fuera o dentro de él. Lo que va necesitando, mamá lo va proporcionando, se va adaptando a las necesidades de su hijo, con lo cual le permite forjarse la ilusión de que lo que él cree existe en la realidad. Por ejemplo, le da de comer, lo toma en sus brazos, le canta, lo acaricia. La madre hace real lo que el niño está dispuesto a encontrar (repite el sonido o balbuceo del pequeño). El bebé crea al objeto pero en realidad éste estaba ahí esperando que se le crease. Ésta sería la forma más adecuada, porque ocurre muchas veces que la mamá se adelanta o llega muy a destiempo a lo que el pequeño necesita. Por ejemplo le da de comer cada vez que ella considera necesario. Es como que no lo deja desear y frustrarse, o no está allí cuando el niño la demanda. Cuando el adulto no responde a la necesidad del bebé, éste llora y llora. Cuando decimos 'madre' nos referimos a la propia madre o la figura dispuesta para el bebé.

A lo largo del tiempo mamá aparece y desaparece, va y viene, está presente y ausente (realizando otras tareas, así como posteriormente irá a trabajar); es frente a estas pequeñas ausencias que aparece el objeto transicional.

Objetos transicionales del niño

Los objetos transicionales son símbolos de unión después de la separación con la madre.

Si la mamá obliga al bebé o insiste demasiado en darle un objeto, éste es desechado, no le da importancia.

Muchos de estos objetos evocan sensaciones anteriores que el niño ha sentido en su cuerpo. Son los llamados precursores de los objetos transicionales que no son descubiertos o inventados por el niño, sino que son dados por la madre o incluso son parte del cuerpo del niño o de la propia madre. Por ejemplo: el pelo, el dorso de la mano del niño, la mano de la madre que el pequeño toca, frota y le producen una sensación táctil que se asocia al acto de chupar, así como otras acciones combinadas. Por ejemplo, mientras toma el pecho toca el lóbulo de la oreja de su madre, cuando el niño está por dormirse frota la palma de la mano de la madre, acaricia su propio pelo cuando se aleja o separa de su madre, etcétera. Cuando esto se extiende en el tiempo y en intensidad, y el niño continúa necesitándolo, es conveniente consultar porque eso tan necesario que es el espacio potencial o zona intermedia no se está gestando adecuadamente. Esta zona intermedia no está ni afuera ni adentro, entre el mundo interior y el mundo exterior.

Interacción de la realidad externa e interna del niño

Todo individuo vive en constante interacción con la realidad externa y la interna; cuando se da un estado intermedio que no es ni adentro ni afuera, es una zona intermedia de la experiencia. Esto le permite al niño mantener separadas y a la vez interrelacionadas la realidad exterior y la interior.

Estos objetos (ositos, sábana, dedos) le permiten sentir la continuidad de la experiencia.

El objeto transicional es importante, tiene un valor para el bebé. En momentos como ir a dormir, ir a casa de familiares y amigos, necesita llevarlo.

Lo transicional no es el objeto, sino que éste representa la transición del bebé.

Esa zona intermedia es necesaria para la iniciación de una relación entre el niño y el mundo. La madre que en sus comienzos está prácticamente para el bebé, poco a poco se va retirando y ahí aparecen los fenómenos transicionales.

El niño utiliza algún objeto blando como una frazada, un acolchado, una sábana que se vuelve muy importante para él.

Estos objetos tienen una serie de cualidades y el niño tiene todos los derechos sobre el objeto.

Recordemos que en los primeros meses de vida el pequeño no fotografía tradicional digital puede diferenciarse del objeto, aún no pude sentir "yo soy".

El objeto es mimado y a su vez, en ocasiones, es agredido; es esto lo que nos ayuda a comprender el enojo, la rabia, la tristeza que siente el niño cuando olvida o deja su objeto en algún lugar.

Es recomendable que el adulto no lo cambie ni lo modifique (muchas veces se insiste en lavar la funda de la almohada o el peluche), a no ser que sea el propio niño quién lo modifique.

Este objeto es un símbolo de la unión del bebé y la madre pero su importancia radica en que ayuda al niño a diferenciarse y tolerar su realidad interna que crece y evoluciona.

El bebé va a ser capaz de emplear un objeto, si el objeto interior está vivo y es confiable.

Mamá y papá son quienes le otorgan o no confianza al niño.